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EL PACTO DE MAYO Y LA EDUCACIÓN

En su discurso del 1 de marzo ante la Asamblea Legislativa, el Presidente Milei convocó a la firma de lo que denomina Pacto de Mayo. Se trata de diez bases de su acción de gobierno para la Argentina del futuro. La convocatoria se dirigió en ese momento a los gobernantes de provincias y CABA, los que deben comprometerse a cumplir esos objetivos.

No nombro estos objetivos ya que están ampliamente difundidos. Solo intento formular algunas consideraciones generales y, al menos, señalar una carencia.

Acerca del pacto y sus alcances

Un pacto está definido en nuestro idioma como” concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado”. Acordar entre partes, no significa que una de ellas impone sus ideas.  Milei invita a los gobernadores a firmar, no a acordar. Está visto y comprobado, el Presidente, no es de dialogar con quienes no piensan como él. Actúa como el dueño único de la verdad. Un dato de autoritarismo.

Ante algunas reticencias a participar de este pacto, comenzó a decirse que no se firmaría ya con los gobernadores, sino con el pueblo; sin precisar cómo se lograría algo así.

En esa misma línea, el vocero presidencial, Adorni, dijo “El pacto de mayo no es para generar consensos entre políticos sino para garantizar el bien de los argentinos. Nos preocupa que para algunos sigue imperando el dogmatismo ideológico por sobre el interés general”.  Adorni ve dogmatismo en otros, no en sí mismo.

¿Cómo se puede concretar un pacto de gobierno, sin generar consensos políticos que permitan convertir objetivos en leyes? ¿Aspirará el Presidente a algo así como la suma del poder político?  Algo de esto nos hace pensar la discutida “Ley Bases” en lo concerniente a la delegación de facultades del Legislativo al Ejecutivo.

Todo lo cual, me permite afirmar que hay más imposición que pacto.

Además, tal como se lo presenta, no garantiza las formas en que cada objetivo se concretará. No es poca cosa marcar algo así, ya que “el fin no justifica los medios”.  Digo esto a partir de la definición ideológica que Milei da de sí mismo: anarco capitalista. Dos ideas con mucho de extremismo

Acerca de la educación

Conocida la propuesta, muchas voces, personales e institucionales, vienen reclamando que se incluya en él a la educación.

Milei ha dicho que este pacto es “esencialmente económico”. Me pregunto, ¿la economía y su crecimiento, surgen por generación espontánea o son fruto de la educación de la sociedad?

La educación es, quizás, la mayor deuda de la política argentina, desde hace varias décadas. Nuestros gobiernos vienen eludiendo darle la importancia vital que tiene. Estadísticas y evaluaciones nacionales e internacionales avalan esta afirmación.

Es evidente también, el incumplimiento de mandas constitucionales y de leyes referidas a educación.

Cuando digo de normas constitucionales, me refiero especialmente a los tratados internacionales firmados por Argentina y que la reforma constitucional de 1994 incorporó a nuestra Constitución.

Todo político, más aún un presidente, debe conocer que ese marco constitucional, por ejemplo, promueve y garantiza la gratuidad de la educación en todos los niveles.

Cuando digo de leyes, señalo de cómo se incumple (se viola) la ley de educación nacional, 26206, en cuanto a jornada extendida o completa, 6% del PBI para educación, etc. Incumplimiento flagrante ante la inacción y silencio de gobernantes, legisladores, medios de comunicación y dirigencia político-gremial.

Más allá del marco legal muy resumido, está la evidencia real y concreta de lo que significa la mucha y buena educación para la humanidad.

La historia nos cuenta de cómo muchas naciones han superado desastres bélicos y crisis socio – económicas, apostando a la mayor cantidad y mejor calidad de su educación, para ubicarse así entre las naciones más económicamente fuertes y con mejor calidad de vida de sus ciudadanos. Están los ejemplos de Japón, Alemania, Finlandia, Corea del Sur, Finlandia, Singapur, entre otros. Más cerca, en nuestra América, Uruguay, Chile, Perú. Bolivia, Ecuador; nos han superado en los resultados de las evaluaciones internacionales que se aplican periódicamente.

Muchos gobernantes nos han dicho que la verdadera riqueza de los países está en el conocimiento de sus habitantes, al tiempo que son incapaces poner en marcha políticas que concreten sus dichos. No se avanza mucho más allá de la propuesta electoral, prevaleciendo una berreta demagogia educacional.  La educación argentina se ha convertido en variable de ajuste para otros objetivos.

Nadie, mucho menos los gobernantes, pueden ignorar la importancia de la educación.

Si Milei apuesta al crecimiento económico, ¿cómo cree lograrlo sin los profesionales y técnicos que provee la educación? ¿Cómo cree mejorar la vida política, superar la casta, sin la formación humanística que garantice el amor al prójimo y el respeto a las leyes?

Nuestros gobernantes, al programar su acción de gobierno, debieran tener presente lo dicho por Sarmiento: “Todos nuestros problemas, son problemas de educación”.

Por todo esto, la inclusión debe ser incluida en el pacto de mayo o de cuando se concrete, si se da el imprescindible acuerdo.  Nada de lo que se proponga podrá alcanzarse sin contar con una educación acorde con sus ambiciosas metas materiales. La educación es primero.

No incluirla en el pacto que propone el Presidente Milei, es más de lo mismo de siempre. Más casta.

San Luis. Mayo 20 de 2024

DE LA PRIORIDAD EDUCATIVA

Un buen punto de partida es el definir qué es prioridad. En el diccionario de la academia de nuestro idioma hay dos acepciones:

*  Anterioridad de algo respecto de otra cosa, en tiempo o en orden.

* Anterioridad o precedencia de algo respecto de otra cosa que depende o procede de ello.

Es decir, aquello que está antes que otra cosa, ya sea por orden de aparición, de preferencia o de importancia.

Vayamos ahora, a nuestra educación.

¿Qué dice la ley de Educación Nacional 26206, sancionada en diciembre de 2006?

 ARTÍCULO 3°. – La educación es una prioridad nacional y se constituye en Política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico-social de la Nación.

En este texto hay otro concepto, el de política de estado, que también es bueno caracterizar: se trata del fuerte interés a largo plazo de los interesados o responsables de alguna actividad fundamental para la sociedad. Exige el compromiso de todos los sectores involucrados, comenzando por el gubernamental, procurando conciliar intereses y aspiraciones. Necesariamente, debe involucrar a toda la ciudadanía a lo largo de varios períodos gubernamentales, por lo que requiere la determinación de objetivos y acciones conducentes a ellos, en distintas etapas y plazos, superando situaciones transitorias de los distintos gobiernos involucrados.

Se necesita también de los responsables, experticia, entendida como una sumatoria de conocimiento, experiencia y habilidad política.

De la realidad

Tras lo citado, surge una pregunta de vital importancia: ¿la prioridad y la política de estado que marca la ley 26206, existen?

La respuesta es, lamentablemente, negativa.

El persistente deterioro de nuestra educación, conforme las distintas evaluaciones que se aplican muestran la caída en el rendimiento estudiantil con respecto a las primeras que se aplicaron años atrás. Además, varios países de nuestra América nos han superado con claridad. Las dificultades para cubrir vacantes laborales con las necesarias exigencias de conocimiento dan también, muestras de esa caída.

Mientras tanto, se repiten los lugares comunes de “queremos una educación de calidad”, sin poder ni definirla, ni explicarla,  adoptan medidas parciales, muchas de ellas con más de facilismo demagógico que de prioridad. El que estas medidas duren lo que el gobierno que las aplica, para ser abandonadas o postergadas por el gobierno siguiente, son consecuencia de la carencia de políticas de estado desde el diálogo interdisciplinario y multipartidario.

Si este rápido diagnóstico aparece como duro, es que realmente la realidad educativa argentina es así. Si se aspira a superarla, no cabe un diagnóstico amable, porque sería mentiroso.

De la prioridad

La ley 26206 es clara y correcta en señalar lo prioritario de la educación. Pero no basta con una redacción feliz. Ese concepto debe traducirse en acciones que no se ven a causa  del irrespeto a la norma legal tan vigente en la ciudadanía y en los gobiernos. Lo que se expresa, real y lamentablemente, en que el futuro para la política argentina, no vaya mucho más allá de las próximas elecciones, no de las próximas generaciones; salvo en las promesas electorales, mayormente incumplidas.

La prioridad se debe traducir en acciones concretas, planificadas para el corto, mediano y largo plazo. Los resultados no suelen ser rápidos, llevan su tiempo. Característica ésta que es, precisamente, la que no atrae a los gobernantes, porque el “marketing” político exige cosas materiales ya, evidentes para las campañas electorales bianuales.

Esta es la mayor dificultad, de la que la ciudadanía debe tomar conciencia para poder exigir y evaluar a sus representantes en el Estado.

Está claro que la educación no es la única prioridad en momentos como los actuales. Pero, la educación es la actividad fundante de las sociedades, de los países, de los trabajos, de las profesiones, a partir de asegurar a toda la población toda la educación que sea capaz de recibir.

Los gobernantes deben actuar sobre múltiples prioridades coexistentes, lo que obliga a la ciudadanía a elegir experticia, algo que no parece abundar.

Hay más…

… de incumplimiento legal en materia educativa.

Por ejemplo, el artículo 28 de la ley 26206 que señala que las escuelas primarias deben tener jornada extendida o completa. Escasísimo el porcentaje de cumplimiento de esta exigencia en la totalidad del país.

Esta misma ley ratifica en su art. 9 que el 6% del PBI nacional debe destinarse a educación, concepto precisado inicialmente en la ley 26075 de Financiamiento Educativo. El actual presupuesto elaborado y aprobado con la intervención del Ministro de Economía Serio Tomás Massa, no cumple con  el 6% de ley; pero claro, de eso no se habla.

Los 180 días de clases que instaura la ley 25864, tampoco se cumplen. Siempre hay un cuento que justifica ese incumplimiento.

San Luis, tiene también lo suyo en este tema. Ya se lo analizará.

Conclusión.

Parece que las leyes son buenas para el floreo publicitario electoral, no para ser cumplidas. Una buena educación permitirá a la ciudadanía analizar, juzgar y elegir sobre bases más sólidas que el clientelismo.

Por eso es que no tenemos ni prioridad educativa, ni política de estado en educación.

La culpa no la tiene el chancho…

                                                          San Luis. Octubre 16 de 2023

MÁS DE LO MISMO, MÁS DE LO DE SIEMPRE

Se conocieron los resultados de las pruebas Aprender 2021 que se tomaron en diciembre del año pasado, a más de 620.000 alumnos de sexto grado en más de 20.000 escuelas primarias de todo el país.

Hay muchas publicaciones que detallan las cifras que arrojó la evaluación de esas pruebas, por lo que en honor a la brevedad no repito. Cabe señalar tan solo que sus resultados han sido claramente inferiores a los de las mismas pruebas del año 2018. Especialmente negativos han sido los resultados en cuanto a lenguaje y comprensión de textos, lo que se constituye en un tremendo impedimento para cualquier actividad futura.

Estos malos resultados vienen de hace varios años y los revelan las evaluaciones argentinas, latinoamericanas y la de alcance mundial. Dejemos pues de criticar este tipo de pruebas, sus resultados a lo largo de tantos años coinciden en mostrar una clara tendencia negativa.

Una vez más, conocidos estos resultados surge la catarata de cruces acusatorios entre los funcionarios de este gobierno y del anterior. Acusaciones que ya hartan, porque carecen del menor atisbo de autocrítica.

Por cierto que estos últimos resultados están, además, influenciados por el impacto de la pandemia con una cuarentena tan prolongada; mientras la mayoría de los países mantuvieron la actividad escolar con los debidos controles, Argentina fue uno de los países con mayor cantidad de días con escuelas cerradas en el período 2020-2021. La pandemia explica una parte de estos últimos malos resultados; pero el mal viene de antes; la realidad de tantos malos resultados se refleja en la repitencia, el desgranamiento y la deserción escolar, en el mercado laboral, en el fracaso en los estudios superiores. También en la cantidad de adultos que transitaron por el mismo sistema educativo y que hoy no están en condiciones de ayudar a sus hijos, ni de transmitirles la importancia de la educación, mucho menos de darles ejemplo en la práctica del estudio, la lectura, la escritura, la curiosidad por conocer.  En una sociedad tan atosigada por los juegos electrónicos, los celulares, las redes sociales, la superficialidad, el chismerío y la tontera difundidas de tantas formas; la educación es vista por la niñez y la juventud como algo de menor valía.

La decadencia en educación está íntimamente relacionada con la decadencia social, es duro decirlo, pero necesario porque si nos engañamos en el diagnóstico nunca acertaremos en la solución.

Los resultados de Aprender 2021, no deben ser achacados solo a este gobierno nacional, ni al anterior, como tanto les gusta acusarse entre sí a sus respectivos partidarios.

La culpa o responsabilidad es de la dirigencia política argentina. No contamos con una política de estado para educación. Escuchamos repetidamente de candidatos y funcionarios “queremos una educación de calidad”, sin que la sepan definir ni explicar, mucho menos decir cómo concretarán esa idea.

La Nación se desprendió de la educación secundaria en la dictadura de Onganía y de la primaria con Menem; en ambos casos sin planificación ni acuerdos ni las debidas partidas presupuestarias. Aquí, en San Luis, sufrimos hace décadas una progresiva privatización encubierta de la educación pública, con escuelas sostenidas con aportes estatales “por cápita” que están constituyendo en la mayoría un verdadero negocio lucrativo.

Así “liberados” de esas responsabilidades los sucesivos gobiernos nacionales nunca se dedicaron a generar, insisto, una política de estado que se cumpla a lo largo de décadas hasta lograr la educación que Argentina merece.

Alfonsín convocó a un Congreso Pedagógico que se convirtió en una pelea ideológica y cuyas tardías conclusiones pasaron prontamente al olvido sin transformarse en leyes. Menem hizo una reforma por ley, que tuvo poca vida y menos resultados. Kirchner logró sancionar leyes que despertaron entusiasmo, pero de escaso cumplimiento.

Una política de estado en educación no debe ocuparse sólo de lo material, sino fundamental e inicialmente de la dignificación social y salarial de la docencia, junto con una formación más exigente y profunda. Para lo cual el estado nacional debe asumir muchas más responsabilidades en educación, para garantizar equidad, financiar y auditar las acciones. La actual decadencia educativa argentina no puede tener al gobierno nacional como un actor secundario.  El Consejo Federal de Educación debe tener funciones más ejecutivas de planificación y evaluación de calidad.

Prevalece en educación, y cada vez más, el cortoplacismo lo que se explica por el tiempo que necesitan los cambios en educación para alcanzar buenos resultados. Tiempo que siempre es mayor a los dos años que transcurren entre una elección y otra, lo que hace que las políticas educativas se centralicen más que nada en lo material, construir escuelas, repartir computadoras, etc., porque se puedan mostrar en una campaña electoral, lo que explica los edificios que se inauguran varias veces. No se puede olvidar ni por asomo, el festival de medidas demagógicas y facilistas en la aprobación de estudios.  promoción de grados y cursos y planes de terminalidad educativa que mejoran estadísticas gubernamentales, pero no la educación de los “beneficiarios”.

No me caben dudas, la culpa de la situación educativa argentina es de toda nuestra dirigencia política, el menos insisto, desde 1966 a la fecha. Ya sea por inacción surgida de la politiquería, de la ignorancia o de la sumatoria de ambas; o por falta de convicciones y energía suficiente para enfrentar la realidad. Por falta de amor al prójimo y a la Patria.

Se impone con urgencia, una convocatoria, un encuentro de la dirigencia política republicana y honesta para planificar, junto con los poseedores del conocimiento educativo, para planificar el futuro inmediato y mediato. Una política de estado, reitero, que abarque no menos de 20 años hasta llegar a dónde debemos estar en educación.

No nos aferremos a la esperanza de un milagro que obre ese cambio. Hay que insistir desde abajo, desde la argentinidad postergada   y discriminada por gobiernos que cacarean respeto a nuestros derechos, mientras nos los ofrecen de la más baja calidad y cantidad que les es posible.

Martín Fierro nos dice que “…el fuego pa’ calentar ha de ir siempre por abajo”.

Muchos sabios han dicho que “ si seguimos haciendo siempre lo mismo, no podemos esperar resultados distintos.”

No esperemos que otros, en otro momento y lugar hagan ese cambio, empujémoslo, exijámoslo cambiando nosotros.

Se trata nada más y nada menos que del futuro de nuestras generaciones, que así como va nuestra educación, pinta muy mal.

SAN LUIS. Junio 28 de 2022.

UNA DEUDA DE LA DEMOCRACIA

Tras 37 años de esta nueva etapa democrática en nuestra patria, vemos no sin dolor, que en educación no hemos tenido los avances necesarios y deseados. Más aún, vemos que muchos países hermanos de América han mejorado sus indicadores educativos, mientras que nosotros hemos caído al punto de perder el liderazgo educativo en Latinoamérica que supimos ostentar.

Cuando hablo de indicadores que muestran la realidad educativa de los países, me baso en los resultados de las muchas evaluaciones que se hacen,  provinciales, nacionales, latinoamericanas y mundiales. En todas ellas hemos caído en el ranking de resultados por especialidades y globales; mientras que la mayoría de los países americanos evaluados junto con nosotros, han mejorado su posición.

Hay muchas críticas y rechazos a estas evaluaciones, pero  no tienen en cuenta, la notable coincidencia en los resultados de todas ellas.

Además, ya sabemos, tanto por lo que se dice en el mercado laboral y lo que ocurre en las universidades,  que gran parte de nuestros egresados de secundaria tienen gran déficit en el manejo del lenguaje  oral y escrito, en la comprensión de textos y en resolución de cuestiones matemáticas elementales. Ejemplo de esto, son los cursos que las universidades dan desde hace años, para suplir las carencias de la educación secundaria.

En esta nueva etapa democrática, se han puesto en marcha intentos de reformar nuestro sistema educativo ya sea a través de dos leyes nacionales,  con Menem una,  con Kirchner otra. Hubo cambios de la estructura y nombre de los niveles, curriculares, leyes de financiación, cambios de contenidos, etc. Incluso se incumplieron medidas fijadas por ley, sin ninguna consecuencia para las autoridades. Ninguno logró los objetivos anunciados, no hemos tenido buenos resultados, seguimos cayendo.

¿Qué hay o qué veo en esta caída?

Nuestra educación  es también víctima  de ese proceso sociológico definido como  sociedad líquida; idea del polaco Baumann, que afirma  que los valores sobre los que se edificó la sociedad humana, han perdido su solidez, su firmeza, licuándose. Como los líquidos adquieren la forma que lo contiene, así la educación ha dejado de ser una cuestión nacional, para adoptar las ideas y formas que conviene a las distintas expresiones políticas. Algunas decididamente contrarias a formas republicanas y democráticas, como las variedades marxistas, anarquistas, hoy infiltradas en el denominado populismo de gobiernos, gremios, etc.

No se ve en el horizonte que haya una intención de asumir políticas educativas de largo plazo acordadas con todas las expresiones políticas, sociales, gremiales, académicas, etc. Cada sector pretende imponer a la totalidad de los argentinos sus ideas, mostrando la poca o nada vocación de sólida unidad nacional.

Por cierto, que esta situación no es solo responsabilidad de los gobiernos democráticos, las dos últimas dictaduras tienen mucho que ver con esto. Si señalo estos últimos 37 años, es porque la democracia tan anhelada está fracasando en materia educativa. No ha sabido superar el daño hecho por esas dictaduras, ni ha sabido adecuarse al veloz crecimiento del mundo en las ciencias, la investigación, la formación de recursos humanos, la generación de nuevos y más empleos.

Necesitamos políticas educativas integrales a corto, mediano y largo plazo. No necesitamos del partidismo político demagógico que prácticamente obliga a aprobar alumnos nivelando para abajo, multiplica las previas, aliviana los exámenes, es permiso en inasistencias y conducta, quita la autoridad docente, etc.

Otro grave daño que se le hace a los jóvenes, son los planes de terminalidad educativa, en los cuales se hacen primaria y secundaria en pocos años, con una superficialidad académica que no vacilo en decir que son violaciones al derecho de estudiar. La obtención de un lindo cartón que certifica estudios, no asegura el logro de los conocimientos mínimos que el momento exige. Son pura demagogia que también sirve para dibujar falsas estadísticas exitosas.

Paralelamente y a falta de generación de empleo seguro, se inunda al país con planes asistenciales cuya poca capacidad productiva es tan grande como el clientelismo político que generan.

A consecuencia de este resumen de desaguisados, tenemos hoy el quebranto educativo, la pérdida del respeto y cariño que la sociedad argentina le supo tener a la educación como generadora de ascenso social.

No hay que ir muy lejos para determinar responsabilidades.

Es la dirigencia argentina en todos los campos, especialmente en la política – gubernamental,

Nos hablan mucho del futuro, pero en su accionar nos demuestran que el futuro para ellos son las próximas elecciones. Para ganar poder, para asegurarlo, para incrementarlo o para lograr impunidad, etc.

Por cierto, que hay personas, grupos, que levantan sus voces para construir el futuro en la misma línea en que avanzan otros países. Pero sin lograr ni a legislar ni a gobernar.

Porque en esta sociedad líquida, la política de baja calidad y el facilismo populista que nos rige, sólo piensa en ganar elecciones a como sea.

En este marco, la educación no es prioritaria ni esencial para la agenda política, ni para las aspiraciones de crecimiento cultural y  socio económico de los argentinos.

Lamentablemente, la mayoría de los medios de comunicación, el periodismo,  no le dan a la educación la importancia que tiene; salvo cuando hay algo grave, truculento preferentemente, como para lograr más audiencias o ventas. Muchos temas son seguidos por semanas, meses; nunca pasa eso con la destrucción de nuestra educación.

En nuestro sistema educativo perduran aún características de otras épocas: la formación docente; el régimen laboral; una administración reñida con una gestión moderna, siendo una burocracia lenta, pesada, ineficaz  y cara;  el esquema de materias; las calificaciones y cómo se usan;  el sistema de exámenes y de materias previas;  designaciones tardías;  horarios rígidos;  profesores taxis,  etc.

Sin olvidar, por cierto, el desinterés gubernamental para mejorar sustancialmente las pésimas remuneraciones docentes y la negación por darle a la educación el carácter de esencialidad que le corresponde.

Además, en los bajos sueldos se le da un valor exagerado a la antigüedad, dejando de lado, la especialización, logros académicos o de investigación y renovación en su trabajo. Buena parte de las capacitaciones son cursos  que se ofrecen sin planificación y en demasiadas ocasiones de dudosa calidad y actualidad académica.

Los cambios que se han efectuado en algunas provincias, no han sido de fondo, no suelen ser duraderos por lo que  dejan el amargo sabor de las frustraciones.

Así, la educación está en un círculo vicioso, que no logran romper las pocas excepciones.

Es duro y triste describir esta realidad. Pero así debe ser, ya que para superar cualquier problema debemos tener un diagnóstico claro, sin tapujos, sin auto engaños. Esta realidad es muy notoria, solo no la ven – o no quieren verla – las autoridades responsables. Allá ellos y sus negaciones.

Volviendo al inicio, esta etapa de nuestra vida democrática, del 83 hasta hoy, fracasa en lo educativo. Atrás del crecimiento de muchos países está encontramos siempre una educación poderosa, prioritaria para todos, exigente, bien paga. Lo que demuestra que se sabe que las riquezas nacionales están en el conocimiento de sus habitantes.

Si tantos lo han hecho y lo hacen, nosotros también podemos hacerlo.  Debemos construir esa esperanza exigiendo y exigiéndonos mucho.  Exigirnos mutuamente entre gobernantes, legisladores, directivos, docentes, sociedad, familia, estudiantes.

La educación no es un juego, no es diversión, no es superficial. Es una responsabilidad de todos. Es la base fundamental del futuro.

No lo estamos viviendo así, si desde las autoridades responsables no hay respuestas, somos los ciudadanos los que debemos instalar en la agenda política nacional la prioridad educativa.

Para cerrar, el fracaso en educación que  señalo y  acuso a esta etapa democrática de Argentina, es que tras tantos años, gobiernos y promesa, nuestro sistema educativo es de exclusión, pese a tanta alharaca de políticas inclusivas que de nada han servido, excepto para aumentar el clientelismo político electoral.

“Más Dios ha de permitir /Que esto llegue a mejorar/  Pero se ha de recordar/  Para hacer bien el trabajo/ Que el fuego, pa’ calentar/ Debe ir siempre por abajo».

Aprendamos del Martín Fierro y exijamos firmemente a nuestros gobiernos democráticos que hagan lo que deben hacer, EDUCAR AL SOBERANO  y  no hacer como que educan.

Necesitamos la mayor y mejor educación. No nos callemos, no nos crucemos de brazos. Porque estamos perdiendo el tren del futuro.

SAN LUIS. Febrero 22 de 2021

Esta nota fue escrita a partir de lo expresado en el día de la fecha en la columna educativa incluida en el programa LA MARCHA DE LAS NOTICIAS que conduce Elisa Sosa por Radio Dimensión de la ciudad de San Luis.

mucha y buena educación

Se conoció días atrás, una resolución de ANSES por la cual ya no será necesario presentar el certificado de alumno regular a diciembre del año pasado para cobrar la ayuda escolar 2020. El cambio de este requisito obedece, según el gobierno nacional, al “contexto económico y social de emergencia”.

Son muchas las voces que se levantaron criticando esta medida y hasta la fecha no tengo conocimiento de algunas que la apoyen, al menos no a nivel de pensadores y analistas de la realidad nacional, de educadores.

Educación y emergencia económico – social

Ninguna emergencia de este tipo se resuelve mágicamente del día a la noche. Se necesitan años de  trabajo, de gestión gubernamental, de creatividad. Las que a su vez surgen de la mucha y buena educación que a lo largo de toda su vida reciben todos y cada uno de los habitantes del país. Porque de la mucha y buena educación surge la producción,  el aprovechamiento de los puestos de trabajo que se generen, el cuidado de la salud y de la alimentación; en fin, de la calidad de vida individual, familiar y social.

Las crisis llevan tiempo para resolverse, la educación necesita tiempo para que se adviertan sus resultados. Mucho más tiempo, cuando más altos sean los datos de deserción, repitencia, de falta de lectura comprensiva, de mal manejo de las matemáticas básicas para la vida diaria. Lamentablemente Argentina viene mostrando cada vez índices más alarmantes en esos ítems.

Resultados que nos obligan a profundizar las exigencias en educación. Cuando digo exigencias me refiero a las que mutuamente deben plantearse entre alumnos, docentes, directivos, familia, sociedad y gobiernos. No sólo  se trata de exigirle a los estudiantes, todos debemos exigir a todos.

Mucho más cuando sabemos que son varias las generaciones que vienen teniendo una pobre educación, por lo que muchos padres no están en condiciones de ayudar escolarmente a sus hijos y hasta podría decirse, que no tienen cabal conciencia de la importancia que tiene la mucha y buena educación para cualquier sociedad.

En un marco de emergencia económico – social como el que venimos sufriendo los argentinos y reconoce el mismo gobierno, debemos profundizar más las políticas educativas y las exigencias tal como las planteo. Los gobiernos, todos ellos, deben necesariamente corregir las carencias educativas mediante políticas activas, fuertes, persistentes para que todo argentino reciba toda la educación que su capacidad le permita, sin ninguna limitación social, económica o de otra naturaleza.

Una forma de hacerlo, la primera y elemental, es el exigir que niños y jóvenes concurran efectiva y regularmente a las escuelas.

Cuando regía la vieja y querida ley 1420, cualquier persona estaba autorizada para denunciar a los padres que no enviaban sus hijos a la escuela, los docentes recorrían su zona de influencia para asegurarse de que nadie en edad escolar se quedara en sus casas. Nadie se opuso a esa posibilidad de denuncias, que eran resueltas de inmediato por la fuerza policial. Así fue que esa ley, logró tanto.

¿Y ahora?

Con esta medida el gobierno nacional abandona su obligación de fomentar, acrecentar, asegurar la educación en los sectores más afectados por esta larga crisis económico – social. En lugar de darles las verdaderas herramientas para la superación, las considera superfluas porque no toma ninguna medida ante quienes, irresponsablemente, no envían sus hijos a educarse.

Para el gobierno nacional ¿qué es importante para que las familias superen sus problemas económicos? A mi juicio, según esta decisión, está expresando que lo necesario es el cobro de asignaciones sin obligación alguna. Lo que es una ratificación de políticas meramente clientelares corto placistas, compra votos, que puedo sintetizar así:

                        “Te pago algo, no te exijo educación, ni trabajo; solo votame.”

Los responsables

Una medida así es la expresión de:

       a* Ignorancia, de lo que puede hacer la educación en la sociedad, especialmente cuando hay crisis como la presente (y que viene de lejos)

       b* Insensibilidad humana, al permitir que vastos sectores de la sociedad no se interesen por educar a sus jóvenes generaciones, hipotecando el futuro patrio.

       c*  Politiquería de baja estofa, privilegiando el clientelismo electoral a corto plazo, en lugar de desarrollar acciones a largo plazo sostenidas en la mucha y buena educación.

Factores éstos que pueden darse juntos o por separado.

Un prestigioso educador expresó en un programa radial, que esta medida expresa una rendición gubernamental ante el ausentismo escolar.

Me permito disentir. No es una rendición, es una traición para con quienes dice defender- Les está diciendo que la educación de sus hijos no es importante, que puede postergarse.

Un país que  quiere resolver sus problemaa,  garantizando el bien común y la dignidad individual y social de su pueblo, no debe tener gobernantes ignorantes, insensibles o politiqueros.

Quizás…

              tantas voces en contrario hagan reflexionar al gobierno y revea esta decisión.

Ojalá así suceda, pero ya mostró, por ignorancia, insensibilidad o politiquería, cuál es su idea primera.

No va por ahí la solución de ninguna crisis.

SAN LUIS. Febrero 11 de 2020

GRAN ACUERDO NACIONAL EDUCATIVO * GANE

A lo largo de las últimas décadas, incluyendo gobiernos dictatoriales y democráticos, se han formulado innumerables diagnósticos de nuestra educación. También se han puesto en práctica varios intentos de reforma educativa. Nada nos ha servido, seguimos viendo que los resultados de evaluaciones, nacionales e internacionales, hechas a nuestros alumnos dan resultados de los que no podemos sentirnos satisfechos. Algo similar surge de la experiencia de los empresarios en sus búsquedas de empleados, les resulta necesario dedicar bastante tiempo para darles la mínima formación para que puedan desempeñarse, formación que se supone debiera asegurar la educación secundaria. Las universidades a su vez, han incorporado materias de lengua y ciencias exactas en los cursos de ingreso o en el currículo de los primeros años para suplir esa misma carencia.

Esa realidad educativa, va de la mano de la caída de nuestra economía, del crecimiento de la pobreza, de la violencia y del escaso conocimiento de lo que es vivir en una república con democracia.

Mientras esto ocurre, vemos que países vecinos nuestros han superado los logros escolares de sus alumnos y sus economías muestran crecimiento, incluso en campos en los que Argentina era líder latinoamericana.

Esto, me basta para no querer incurrir en un nuevo diagnóstico. Además, muchos diagnósticos han sabido quedar sólo en eso, sin acciones o propuestas concretas para superar lo diagnosticado. Me interesa más avanzar, en proponer ideas, acciones. No por creérmelas, sino porque es lo que se necesita. Proponer, explicar, difundir, abrir el diálogo, atender críticas y mejoras, aprender, reelaborar. Y así seguir, hasta que se abra el camino y las ideas pasen al terreno de los hechos.

La revolución educativa

La palabra revolución no deja de despertar temores, habida cuenta de las experiencias que bajo ese nombre han sembrado terror, persecución y muerte. La palabra   deriva del latín revolutum, que significa “dar vuelta” algo. En tren de ampliarla más, se dice que es un cambio o transformación sustancial de alguna estructura que en un determinado momento se ha convertido en obsoleta o inútil. Revolución que puede ser social, política, económica, de salud, educativa, etc. De ahí que hay quienes usan como definición de revolución al “cambiar la lógica de los acontecimientos”.

Por lo general, ese dar vuelta, esa transformación sustancial, requiere el requisito del corto tiempo. Lo que hasta ahora, ha exigido, en los casos conocidos, una buena dosis de violencia y totalitarismo. Lo que ha originado el temor que muchos le tienen al concepto y hasta a la misma palabra. No es mi caso, no le tengo temor a decir que Argentina necesita una “revolución educativa”, un dar vuelta el sistema que hoy tenemos y que no nos está permitiendo tener una educación que logre en las personas conocer, saber, trabajar y crear, lograr la dignidad personal y contribuir a la dignidad nacional.

No podemos permitirnos ser cómplices de la destrucción de nuestra Patria, desde la pobre y escasa educación que tenemos actualmente. Digo pobre y escasa, porque no miro las luces, los logros de unos pocos, sino el conjunto de la educación en las zonas carecientes, en la soledad rural, en fronteras.

Una revolución educativa debe garantizar la mejor educación a todos los hombres, en su integralidad personal, a lo largo de toda su vida, hasta donde lo permita su capacidad.

Los responsables

Indudablemente una revolución educativa ha de ser obra gubernamental, no de un período de gobierno, no de una persona, no de una sola expresión política. Habrá de ser obra de algo que hasta la fecha no conocemos, pero que sí necesitamos: una política de estado, que abarque al menos, cinco períodos presidenciales, por lo que deberá necesariamente, ser acordada por un conjunto de expresiones políticas partidarias, cuyo común denominador sea humanista, republicano y capaces de trabajar intensamente con la honestidad imprescindible para que lo bueno se geste, instale y dure.

No estamos frente a una posibilidad así. Nuestra política, no sabe de estas cosas. Tiene vuelo bajo, hay poco de fundamentos ideológicos, es sectaria, de corto plazo, demasiado amiga del poder y sus beneficios.  De ahí que educar al pueblo tal como éste lo merece, no le resulta favorable a su apetencia a un poder de larga y productiva duración.

Necesitamos un diálogo nacional para resolver nuestra educación. Diálogo que como supo decir Pablo VI, “es esencial como medio para encontrar la verdad.” Diálogo que sólo puede darse si nos dedicamos a la” cultura del encuentro”, como forma de resolver la grieta que tanto fomentamos en el día a día, logrando dividirnos y enfrentarnos cada vez más. Ya es hora de dejar de lado la división y la pelea entre argentinos. Demasiado bien hemos hecho eso, tanto como el daño y retraso humanístico y material que nos ha causado.

En la educación debemos encontrarnos todos los argentinos. Quizás, pueda abrir el camino de superación de todo lo que nos divide y enfrenta. Es el momento de dedicarnos a mejorar y potenciar nuestra educación.

Primer paso

Por lo dicho, la revolución educativa que necesitamos no puede ser obra o responsabilidad de un gobierno o de un partido o frente electoral, mucho menos de una persona.  Necesitamos una convocatoria que incluya a expresiones políticas, gremiales, sociales, empresariales, universitarias, expertos y pueblo general para ponernos, todos, a acordar de una buena vez, una política de estado para la educación argentina.

Debemos dejar de cacarear con que el futuro será de una sociedad del conocimiento, mientras no seamos capaces de concretar esas afirmaciones en acciones a lo largo de al menos los próximos veinte años. No tendremos un fuerte desarrollo socio – económico, sin los técnicos, los pensadores, los humanistas y los creadores que formemos nosotros mismos. No habrá un fuerte desarrollo económico – social, mientras sigamos con los “commodity” y comprando el fruto de quienes han invertido por generaciones en la educación, al punto de ser los líderes mundiales en el conocimiento.

A esa convocatoria, a esa unidad en el diálogo, la propuesta y el trabajo que revolucione nuestra educación, la llamo GRAN ACUERDO NACIONAL EDUCATIVO – GANE.

A su vez cada jurisdicción deberá convocar de modo similar para llevar adelante lo suyo en concordancia con lo nacional.

Este Gran Acuerdo deberá: planificar las grandes líneas de acción por 20 años; acordar y coordinar las acciones de corto y mediano plazo; auditar el funcionamiento de la educación en todas las jurisdicciones y el uso de los recursos; evaluar los resultados, aconsejar correcciones, ampliaciones, etc.; evaluar la marcha de las grandes líneas de acción y efectuar los cambios y adecuaciones convenientes.

Es fundamental que todos los argentinos y todas sus distintas organizaciones tengamos en claro y participemos de la idea que sin educación iremos cada vez más atrás en el desarrollo integral como país. Cada vez más atrás en un mundo que basa su avance en el conocimiento. Mucho se habla de la importancia del capital que significa el conocimiento, pero no hay políticas que permitan desarrollar y alcanzar niveles óptimos de ese necesario conocimiento.  

La política educativa debe convertirse en motor de la transformación nacional en unidad y encuentro.

Ideas centrales del GANE

Hemos tenido los argentinos, varios intentos de reformas educativas. Las que supieron centrarse en cambios de la estructura escolar, en la duración de los ciclos, en cambiar determinados estudios de nivel, en provincializarlas “de prepo”, quitando y agregando asignaturas, modificando contenidos, copiando del extranjero, etc. Hasta ahora ninguna ha dado los resultados esperados en cada oportunidad. Es que no cabe centrarse el cambio educativo en un sola de sus manifestaciones. Toda la   educación es la gran prioridad y en ella, nos encontraremos con múltiples prioridades coexistentes. Lo que, por cierto, nos exigirá centrarnos en todas ellas y con la suficiente visión y agilidad, como para atender a las nuevas exigencias que surjan a medida que se avance.

Como dije antes, la gran prioridad es la educación. Por lo cual, viene bien mirar otras realidades educativas. Finlandia es el país que con mayor frecuencia es ubicado entre los mejores sistemas educativos mundiales. Pues bien, hemos leído y escuchado de varios gobernantes finlandeses que ellos tienen tres prioridades: educación, educación y educación. Lo que viene ocurriendo desde hace no menos de cincuenta años, llegando así un elevado nivel educativo en toda su población, lo que le permite afrontar con éxito, cualquier situación socio –  económica conflictiva.

Lo fundamental es acordar una política de estado con objetivos y metas a corto, mediano y largo plazo, que no sean rígidos, sino que vayan siendo repensados a medida que se vayan logrando y vayan modificando la situación inicial.

El acuerdo nación y jurisdicciones provinciales es clave. Allí es donde debemos poner todo el peso de nuestras capacidades y voluntades.

Ese acuerdo debe  comenzar por aprender a respetar la ley, aunque sorprenda decir esto.

Es que la Ley 26206 fija la prioridad nacional y la política de estado para la educación.  Lo que no se ha manifestado en ninguna acción gubernamental hasta la fecha. Más aún, ningún gobierno nacional ni provincial, ninguna fuerza política, lo ha recordado o exigido. Lo que nos da la triste muestra de la ignorancia legal, de la vocación por no cumplir las leyes que juran cumplir o del profundo desinterés para con la educación por parte de  quienes gobiernan y legislan. O de una integración lamentable de esas alternativas. También por parte de los mismos docentes y de sus organizaciones gremiales.

Paralelamente, y ante la evidente desigualdad en recursos humanos y económicos, es necesario que el gobierno nacional tenga mayores responsabilidades en la educación, muy por encima de lo que hace actualmente, tras la provincialización de casi toda la educación inicial, primaria, secundaria y superior no universitaria.

Quizás deba participar en los aportes económicos necesarios para incrementar equitativamente los salarios docentes; quizás en hacerse cargo de todos los institutos de formación docente, para llevarlos a un sistema de exigencias y de evaluación similares a los existentes en el ámbito universitario; quizás en construcciones escolares muchas y modernas. También en garantizar los recursos para que todas las jurisdicciones logren los mismos objetivos, pese a sus diferentes situaciones socio económicas.

Seguramente habrá otras ideas al respecto, pero insisto en que, para alcanzar equidad en todo el sistema, el estado nacional no puede desentenderse tanto de la educación. La actual responsabilidad de las provincias en la educación obligatoria nos presenta notorias y graves diferencias entre unas y otras, que necesitan superarse y resolverse. Sin dejar de respetar nuestro federalismo, es necesario darnos una estructura de trabajo nacional en equipo, para ayudar, sostener, potenciar, evaluar, corregir, etc.

Logrado un acuerdo como el GANE, determinando los niveles de participación y financiamiento que le quepa a los estados provinciales y nacional y los mecanismos de supervisión y evaluación permanente, vendrán a posteriori los cambios estructurales, los contenidos, etc. En fin, todo lo concerniente a enseñar conforme los avances de las ciencias de la educación, adecuándolos a nuestra realidad.

Primero la decisión y organización de la política educativa nacional. Inmediatamente después, lo técnico – científico de la enseñanza – aprendizaje – aplicación.

La docencia como eje

Ya dije de cómo se mira y admira a Finlandia por sus logros en educación. Por cierto, que la realidad poblacional, laboral, socio económica de Finlandia es sustancialmente distinta a la nuestra, lo que nos lleva a no copiar todo lo que allí se hace, mucho menos querer hacer lo último que hace Finlandia, queriendo saltar los pasos dados en décadas. Lo que debemos copiar, sí, de Finlandia es el concepto de la educación como objetivo prioritario de la nación, la docencia con altos niveles de exigencia en su formación inicial y en su especialización posterior, los excelentes salarios y el alto nivel de reconocimiento y prestigio social que posee la profesión docente. Algo así se está intentando en algunos países de nuestra América Latina. Entre nosotros se habla mucho de muchos temas, pero de mayores exigencias y de salarios dignos, poco y nada se concreta.

El acuerdo que logremos deberá dejar claramente explicitado que todos los participantes en educación, debemos tener notorias exigencias mutuas. Me refiero a alumnos, familias, sociedad, directivos, legisladores, gobernantes, medios de comunicación. Todos y cada uno de esos sectores debe poder y saber exigir a los otros. Porque así la sociedad toda cumplirá con su responsabilidad en la clave misión de educar, que debe ser prioridad nacional fundamental, de por vida.

¿Cómo comenzar, dado la mala y muy diferente realidad educativa nacional, un proceso de revolución educativa?

Así como primero debe darse el acuerdo político nacional sin el cual no será posible hacer nada, se necesita contar con aliados como para vencer las resistencias al cambio, tan frecuentes en la educación.

Ese aliado clave es, a mi juicio, la docencia.

De ahí que proponga un aumento salarial por encima del incremento del costo de la vida, hasta llevar a la profesión docente a convertirse en una de las mejores pagas en el país. No se trata de una ligera propuesta demagógica. Primero el reconocimiento, luego los aumentos escalonados, progresivos, algo así como aquella “tablita” para el costo del dólar que conocimos décadas atrás. Pero conocida y aceptada por la docencia y que se cumpla rigurosamente.

* Declarar a la docencia como Constructora de Futuro, dignificándola y potenciándola en su formación, lo social y lo económico, querida por todos y deseada por las jóvenes generaciones. Todo lo cual conforma un acto de estricta justicia profesional.

* Una docencia dignificada y potenciada, llevará paulatinamente a eliminar la conflictividad con que se vive la educación argentina y bajar el importante nivel de ausentismo. Por cierto, que se busca también así, convertir a la docencia en la principal aliada de la Revolución Educativa.

* Incentivar las vocaciones docentes mediante becas importantes.

* Un reconocimiento salarial así, les da autoridad moral a los gobernantes para exigir todo lo que puede y debe dar un docente, al tiempo que abrir el camino a mayores niveles de especialización de pos grado.

* Otra manera de mejorar el salario es crear paulatinamente, cargos exclusivos en los distintos niveles, comenzando por los niveles inicial y primario. Estos cargos exclusivos deben alcanzarse mediante concursos, quizás llegue el momento en que no se acceda a la docencia por el solo sistema de puntajes, sino por especialización de pos grado y mediante concursos. Quizás también, en el futuro, con reválidas periódicas.

Esto implica que, a la brevedad, la formación docente en todos los niveles, tenga mayores niveles de exigencia, profundidad para alcanzar no solo el conocimiento, sino también la capacidad de generar nuevos conocimientos y nuevas formas de trabajar en el aula.

La docencia argentina debe convertirse en el gran motor que logre la revolución educativa que se planifique mediante el GANE. Por eso debe ser la “profesión mimada” de la Argentina. Mimos que deberá saber ganarse con la calidad de su preparación y dedicación laboral.

Otras ideas

* Instalar en el pueblo todo y especialmente en el Estado Nacional a la educación como prioridad nacional primera, principal y permanente.   Eso se hará mediante:  Planificación nacional integral; Incremento presupuestario, especialmente invertido en lo humano; Los medios de comunicación social al servicio de los objetivos educacionales; La participación de fuerzas políticas, organizaciones gremiales, empresariales y sociales.

* Debemos abandonar toda expresión de individualismo, de egoísmo y demagogia, para avanzar hasta con el sacrificio y el heroísmo con que supieron luchar los padres de la patria.

* Un GANE para 20 años necesita de la jornada extendida o completa. Lo que está legislado, pero con cumplimiento entre nulo y escaso, a excepción de la CABA. Este tipo de jornadas requiere a su vez de edificios que las permitan para todos los turnos en que reciben alumnos. Lo ideal es que cada escuela reciba un solo grupo de alumnos durante más horas, pero ese sueño está fuera de las inmediatas posibilidades económicas. Debe ser un objetivo a largo plazo.

* Las construcciones escolares y las modificaciones y ampliaciones que se hagan deben adecuarse a las nuevas exigencias educativas. Deben privilegiarse las zonas más carecientes para construir los mejores edificios.

* Los contenidos y la didáctica deben garantizar que nuestras jóvenes generaciones logren: El conocimiento básico en todas las ramas del saber, alcanzado por la humanidad; Usar solidariamente ese conocimiento en beneficio de su vida personal, familiar, social; Ejercer el juicio crítico y su capacidad creativa para mejorar la vida; Ser capaz de generar más conocimiento.

* La formación que reciban nuestros niños y jóvenes debe ser equilibrada entre lo científico, lo humanístico y lo social. Rescatando los sólidos valores con los que se construye lo mejor de nuestra vida.

* El amor al prójimo como valor propio de creyentes y no creyentes, debe ser el motor de los logros de nuestra Revolución Educativa.

* Las nuevas tecnologías ayudan y mucho, pero no deben reemplazar la relación, el trato humano. La persona humana es la medida de todas las cosas, no el dinero, el poder, lo material.

* Reconvertir al Consejo Federal de Educación, poniéndolo al servicio de estas prioridades, para que planifique, audite y evalúe lo que se hace en cada jurisdicción; tanto en las metas como en el uso de los recursos asignados.

* Cuestiones de organización, planes de estudio, contenidos, etc. exigen también una propuesta revolucionaria. No es lo que más domino. Además, desde grandes lineamientos, como éstos, deben trabajarse entre las jurisdicciones para acordar. 

A modo de síntesis

Siempre hay más, mucho más para decir y proponer en materia de educación en una situación de decadencia educativa como la que transitamos los argentinos en este momento. Vayan estas ideas, como para plantear una nueva, distinta y   hasta ahora no transitada, vía de encarar los cambios tan imprescindibles. Nunca hemos logrado algo así. Lo intentó el Congreso Pedagógico convocado por el Presidente Alfonsín, el que no llegó a ser lo que debió ser.

¿Nos animaremos a encontrarnos y acordar en materia educativa, como para demostrar que somos conscientes de que el futuro está en el conocimiento y que queremos que ese conocimiento llegue a todo nuestro pueblo, según sus capacidades, sin discriminaciones, ni limitaciones materiales? ¿Aceptaremos mayores niveles de responsabilidad y de exigencias en lo que estudiamos y hacemos? La docencia argentina, ¿podrá ser como estimo, el motor que nos lleve a dónde queremos y debemos ir?

Desde lo que sé y desde mis convicciones, hago esta propuesta y quedo a la espera de respuestas, comentarios, críticas siempre en tren a perfeccionar ideas. Los invito a que nos encontremos y demos el primer paso de una convocatoria amplia y generosa para poner en marcha el GANE. O como se lo quiera denominar en el futuro.

Finalmente, me permito recordar lo dicho por Sarmiento en el Senado de la Nación:

Todos nuestros problemas, son problemas de educación.

Que nadie se ría, como hicieron algunos senadores en ese momento.

SAN LUIS. 20 de noviembre de 2019