SIN DIARIOS NACIONALES EN SAN LUIS

Hemos tomado conocimiento a través de numerosas publicaciones periodísticas de San Luis y de medios nacionales, que el Gobernador Alberto Rodríguez Saá, ha ordenado el no ingreso de diarios de alcance nacional a la provincia. La razón esgrimida es evitar una posible vía de ingreso del coronavirus.

Se acusa al gobierno de violar nuestros derechos humanos al adoptar una medida que configura una clara censura periodística.

Veamos ahora el marco legal vigente en este tema.

Recordemos primero, que el 2 de mayo de 2004 se sancionó la ley 5626 o LEY DE IMPRENTA. Esta ley fue duramente criticada de inmediato por la oposición, medios on line de San Luis,  prensa nacional y los organismos que la nuclean calificándola de ley de censura.

Este escándalo, con alcance nacional, llevó a la sanción de la ley 5653 el día 23 de junio de ese 2004, por la que se derogó la 5626.

El 3 de noviembre de 2010 se sancionó la Ley I- 0735 -10 denominada LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEL PENSAMIENTO Y DE INFORMACIÓN, con alguna similitud a la derogada 5626, pero sin aquello que la llevó a ser calificada como de censura. Esta ley está vigente.  

Este gobierno feudal de la familia Rodríguez Saá, siempre aplicó formas más o menos solapadas para que los medios de comunicación les sean favorables. El medio más común es el manejo de la pauta publicitaria oficial. Muchos hablan del pago por “bajo la mesa” a muchos periodistas, lo que es imposible de probar. Lo que sí es evidente es el poco espacio que los medios de propiedad de la familia gobernante y la televisión oficial, dan espacios entre escasos y nulos a las opiniones, denuncias, etc. contrarias al gobierno provincial.

Es así como se callan, y muchos sanluiseños desconocen, las violaciones a la constitución y  leyes, la violación de los derechos humanos, el enriquecimiento de familiares y amigos, el irrespeto a la división de poderes, de la autonomía municipal, etc.  Paralelamente, los medios nacionales reflejan escasamente esta realidad provincial.

Hoy, finalmente algo, se multiplica nacionalmente la denuncia de censura periodística por la prohibición de ingreso de diarios de alcance nacional a nuestra provincia.  Medida que dicen se fundamenta en seguridad de salud pública para impedir la entrada del COVI 19, responsable de la pandemia que azota al mundo. No se advierte en la ley I-0735 algo que explique o justifique esta prohibición. Además, no debe ser muy caro y difícil el esterilizar los pocos paquetes con diarios destinados a la provincia.

No hay noticias de que una medida así, haya sido aplicada en alguna otra provincia argentina o en algún otro país.

Es que, como está dicho por muchos, estas situaciones como la que ahora se vive, suelen despertar lo peor de cada uno. Al gobernador de San Luis, le reapareció su vocación de poder absoluto, lo que requiere, por cierto, el control de los medios de comunicación social.

De ahí esta prohibición. La que quizás desaparezca en breve, pero ya mostró su verdadero rostro.

SAN LUIS. 15 de abril de 2020 ( a las  13:30)

DE CÓMO SUPERAR LA GRIETA

Estamos inmersos una situación que se pasa de crisis, porque éstas suelen presentarse como fuertes sacudones en las estructuras socio-económicas, con inestabilidad y sufrimientos, pero con intencionalidad de superación.

Los sacudones estructurales están, pero no se advierte vocación de superación. La hay en lo declamativo, en el marco de diferencias entre fuerzas políticas, adobadas con acusaciones y duros epítetos. Esta situación nuestra de hoy, se parece más al caos o a una larga y persistente decadencia.

La llamamos” grieta”, y se advierte como de difícil superación. Es de temer que, de seguir con esta habilidad nuestra para enemistarnos y de ser inoperantes ante la pobreza que sufren millones de hermanos, surjan nuevas formas de violencia. Lo prolongado de esta situación, más la repetición periódica de estallidos económicos, han instalado acostumbramiento, indiferencia, discriminación, resignación.

Décadas así, nos impiden un crecimiento sostenido en lo económico y, más grave aún, en nuestra dignidad de personas y de nación.  Nada hemos aprendido. El primer paso en el camino de las soluciones es definir y asumir el cómo y el qué de esta realidad.

Albert Einstein supo decir: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”.

Además, sin memoria.

¿Qué es lo mismo de siempre?

Para nuestra política el futuro son las próximas elecciones. Antes de que asuman los nuevos electos, ya se está viendo cómo ganar las próximas. Quedan sistemáticamente lejos, el futuro, las próximas generaciones.  Centrada en el corto plazo, no permite las políticas de estado a mediano y largo plazo.  Demasiadas veces ese accionar está viciado de inutilidad, discrecionalidad y corrupción. Se hace lo que se hace rápido y se vea fácilmente, casi nada en los cambios que requieren áreas tan claves como educación y salud pública, empleo, ciencia y técnica. Cabe agregar la habilidad que hemos sabido desarrollar para enfrentarnos en cualquier campo de nuestras vidas, especialmente entre gobiernos y expresiones políticas. La violencia oral y física, reemplazan al debate constructivo.

Así, alimentamos día a día la grieta, pareciendo cada vez más difícil el encontrar las juntas o los puentes que nos permitan achicar distancias y profundidades.

La política es vocación de servicio, no un modus vivendi, proveedor de riqueza, poder e impunidad. Siendo que la Persona Humana es principio, sujeto y fin de todas las cosas, la política debe ser ejercida virtuosamente, poniendo como medida de todas las acciones la dignidad de las personas y el logro del Bien Común.

Venimos viendo que, pese a ello, nuestra vida política tiene un conjunto de altisonantes frases hechas, que, ante la persistencia de nuestros problemas, no son más que jarabe de pico.

No se está encarando la problemática de fondo.

¿Cuál es esa problemática de fondo?

La pérdida paulatina y persistente de los valores morales como guía de nuestras acciones, tanto individuales como sociales. Reclamamos cuándo otros, licúan o violentan valores; pero callamos o apelamos a múltiples excusas, cuando nosotros los dejamos de lado.

Valores como amor, honestidad, justicia, responsabilidad, libertad, verdad, paz, solidaridad, generosidad tolerancia, respeto, equidad, responsabilidad, entre tantos otros, son claros, potentes, sólidos.  Con ellos se han logrado los mejores resultados de nuestra civilización.  Quienes los han demostrado en su vida, son nuestros ejemplos y guías.

Debemos buscar la mayor sumatoria integrada de valores. No deberíamos transitar nuestras vidas, mucho menos las actividades orientadas hacia el prójimo, sin un marco de ideas que sostengan y desarrollen valores morales.

Recordemos al primero de los pecados sociales que supo enunciar el Mahatma Gandhi: Política sin principios.

¿Es esto utópico? Bastante, sin lugar a dudas. Pero al decir de Galeano, para eso son las utopías, para ir siempre hacia ellas, queriendo alcanzarlas.

La disolución de los valores, lleva a minimizar la corrupción, a creerla inevitable e invencible, a practicarla.  También a no entender la importancia de la vida en democracia y el valor de las instituciones republicanas.

Esta dilución de los valores y la prevalencia de los disvalores, surge del triunfo del individualismo egoísta de algunas filosofías y hasta de creencias religiosas, hace que la política, tarde o temprano, termine en autoritarismo, inequidad, agravio a personas y pueblos, además de la corrupción ya señalada.

He aquí, la cuestión de fondo que hoy padecemos.  Es común a muchas otras naciones, pero aquí y ahora, interesa nuestra Patria.

Una nueva política

No se trata sólo de denigrar la política. Nada puede hacerse sin ella. Cada actividad humana tiene una política que la orienta y la rige. Por eso debemos eludir las políticas “pragmáticas y materialistas” que reniegan de lo humanístico, que gambetean los valores.

Se nos impone buscar una nueva política sostenida en una filosofía de vida basada en el reconocimiento, práctica, cuidado, potenciación y enseñanza de los valores.  De no advertir y asumir esto, no podremos resolver nuestros problemas y crear así, el estado de plenitud humana en nuestros hermanos.

¿Es posible?

A primera vista parece una misión rayana en lo utópico, por lo que resulta más practicable seguir apegado a las promesas rápidas y fáciles, tantas veces incumplidas, haciendo como que no se ve la corruptela y la carencia de una dirección humanista y humanizante en la vida.

Dejar de hacer lo mismo implica cambiar nuestra práctica de la política. No parches, de raíz. Hubo intentos, sin ir a fondo, ninguno con coherencia ideológica sosteniendo los valores que se necesita recuperar. Hemos tenido, tanto en democracia como en dictaduras, propuestas ideológicas de toda laya, ora ingenuas, ora fanáticas, hasta crueles. Seguimos igual.

No debemos seguir girando en esta misma y vieja calesita politiquera. Necesitamos el cambio, que por cierto debe comenzar en cada uno de nosotros, hermanados, convencidos, militantes de lo bueno y justo.

Dejar de sostener que la política es el arte de hacer lo posible; para afirmar que debe hacer posible lo necesario.

¿Cómo hacerlo?

No se trata de agotarse en la pura teoría, sino reconocer lo que es bueno para la sociedad humana y sostenerlo con coherencia y firmeza en las convicciones y persistencia en las acciones de todos y cada uno.  A la teoría unirle propuestas, acción. Pensar y obrar desde la perspectiva humanista

En criollo, debería decirse que hay que tener cojones para concretar esta justa aspiración.

Es momento de superar la grieta. No haciendo lo mismo, no con enfrentamientos, agresiones, sectarismo.

De este vuelo bajo y mezquino que criticamos se sale por el alto vuelo de una concepción ideológica humanista y humanizante, tomando a la persona en su integridad material y espiritual. Saliendo de lo pragmático y sin caer en los pretendidos paraísos materialistas.

Foro del Encuentro Argentino

Este cambio es el que proponemos desde este Foro. Lo hacemos desde el humanismo integral inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia.

Lo decimos así, con claridad, porque es lo nuestro. Pero lejos estamos de querer cerrar puertas religiosas. Cambiar la política no es una cruzada religiosa, sino un imperativo social.   Respetamos toda concepción humanista que asuma estos valores para convertirlos en inspiración, fundamento y guía de la nueva política que necesitamos y estamos obligados a concretar todos, cada uno desde su visión.

Siempre desde una cultura del encuentro, hacia una civilización del amor.

No podemos ser sectarios ni timoratos en nuestras aspiraciones. Ni olvidar que muchos hemos sabido aportar a la grieta. El cambio, una vez más, empieza por cada uno.

La lucha, la pelea, si cabe, debe instalarse desde las ideas, no contra el otro. 

Los otros ¿son todos?

Por cierto, que hay muchos destructores de valores, cometiendo no pocos delitos, incluyendo el torturar y matar para imponer sus ideas. No se le niega el derecho a la redención, para lo cual deberán, sin excepciones, asumir culpas y responsabilidades, para luego pagar lo que la justicia humana determine. Así, podrán incorporarse a este camino, mientras que la sociedad deberá tener sus ojos puestos en la nuca de dirigentes y gobernantes, apoyando, vigilando.

De la grieta, no se sale reptando, entre el egoísmo, la ambición desmedida, las distintas formas de violar la vida. Se sale por arriba, por lo superior. Por la idea de un humanismo integral e integrador en el que coincidamos desde distintas vertientes del pensamiento.

Aspiramos que en este Foro nos vayamos encontrando y coincidiendo para construir lo nuevo. Afirmándonos en los más caros valores de la humanidad, las propuestas brotarán con mayor facilidad y será un menos difícil y menos largo, el cambiar lo que necesita ser cambiado.

Abrimos nuestros corazones y tendemos nuestras manos.

SAN LUIS. Abril 7 de 2020