EL DOCUMENTO ECLESIAL

La Conferencia Episcopal Argentina emitió días atrás el documento titulado “FELICES LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ”, dirigido a “…todos los miembros de la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad, para compartir nuestra mirada sobre un aspecto inquietante de la realidad nacional.”

Dicen los obispos: “Constatamos con dolor y preocupación que la Argentina está enferma de violencia. Algunos de los síntomas son evidentes, otros más sutiles, pero de una forma o de otra todos nos sentimos afectados.”

 Estas primeras frases han levantado las críticas de los adherentes al gobierno nacional, como cada vez que éste se siente aludido. A su vez hay otros que no escuchan, no saben, no contestan.

El Diputado Provincial Ottavis (La Cámpora) dijo: “La Argentina no está enferma. Sí vivimos una Argentina enferma de violencia en el 55, en el 76, en el 89 y en el 2001“.

A su vez el Diputado Nacional y uno de los jefes de La Cámpora, Eduardo “Wado” de Pedro dijo: “No se puede decir que la Argentina está enferma de violencia, como si esto fuera el 55 o el 2000, cuando estábamos todos en la calle”.

El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich también hizo su aporte diciendo que hay  “acción deliberada para transferir toda la responsabilidad a la Presidente”.

La referente de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto también cargó contra los obispos al decir que “no hablaron cuando la dictadura secuestraba tantísima gente … y ahora se asustan porque hay violencia”.

ALGUNAS PRECISIONES.

Las opiniones que se vierten en ejercicio del derecho-deber de opinar y reflexionar públicamente sobre la realidad, deben ser objeto de buena escucha y lectura, reflexión y análisis. Nunca una lectura sesgada, parcial e interesada desde una adhesión particular. Haber atendido al documento habría permitido advertir que no se está acusando a nadie en particular, menos al gobierno o la Presidenta. Es casi un ruego a la totalidad de los argentinos para que todos tomemos conciencia de lo que pasa y todos empecemos a cambiar, cada uno en lo suyo. Salvo claro está que haya algo de “cola de paja”.

Es cierto que la Iglesia Católica no hizo todo lo que podría haber hecho en las pasadas dictaduras y que incluso miembros del clero las apoyaron. Pero debemos recordar también a los que dieron su vida en testimonio de su compromiso con los derechos humanos y la democracia: los curas palotinos  Alfredo LeadenAlfredo Kelly y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti.; a Mons. Angelelli y sus curas Murguía y Longueville; a Mons. Ponce de León, a las monjas Duquet y Domon. Recordando también que buena parte de los desaparecidos lo fueron no por su compromiso político, sino por su compromiso católico con los pobres y la democracia. Aún en el caso de no participar de la fe católica, es una elemental cuestión de honestidad intelectual recordar y mencionar a estos mártires argentinos

Es bueno también tener presente que años atrás el entonces cardenal Bergoglio pidió en nombre de toda la Iglesia disculpas por no haber hecho más de lo que hizo. Sabiendo que a medida que pasan los años nos vamos enterando de más y más acciones del clero argentino salvando vidas de los perseguidos. Acciones de las cuales la Iglesia no hace alharaca.

Y si en aquellos años de fuego la Iglesia hizo o dijo menos de lo que podía, es correcto que ahora emita opinión y actúe todo lo más que pueda, justamente para no repetir errores.

Está dicho que la Iglesia pidió disculpas, como también lo hicieron las Fuerzas Armadas. Es claro también, que a quienes sufrieron o sufren aún las consecuencias de las dictaduras unas disculpas les resultan poco. Hay cosas que cuesta perdonar y hay personas a las que les cuesta mucho hacerlo. Lo importante es la actitud autocrítica y la decisión de no repetir errores.

Ahora bien, si de señalar errores en el pasado se trata, no habría que señalarlos en forma parcial, unilateral. Porque los problemas se solucionan más fácilmente cuando todas las partes asumen lo suyo.

Esto viene a cuento porque las expresiones guerrilleras (Montoneros, ERP, FAP, FAR) nunca han hecho público un arrepentimiento a nivel de organización por sus acciones. No lo han hecho tampoco, algunos que han sido o son funcionarios en estos años de democracia. Hay quienes las siguen rescatando y aplaudiendo. Ha habido sí, arrepentimientos individuales. Lo mismo puede decirse de la AAA.

Y si se recuerda y rechaza el apoyo dado a la dictadura, es bueno que se recuerde también que el gobierno nacional tiene desde 2003 como ministra a la Sra. Alicia Kirchner, que fue funcionaria durante toda la dictadura en Santa Cruz. Como también ocurre con jueces y funcionarios menores en provincias.

DE QUÉ VIOLENCIA SE TRATA

Los obispos argentinos no se refieren a la violencia armada en cuestiones de persecuciones políticas, o al pueblo en la calle; sino que nos dicen: “Conviene ampliar la mirada y reconocer que también son violencia las situaciones de exclusión social, de privación de oportunidades, de hambre y de marginación, de precariedad laboral, de empobrecimiento estructural de muchos, que contrasta con la insultante ostentación de riqueza de parte de otros… Todo lo que atenta contra la dignidad de la vida humana es violación al proyecto de amor de Dios: la desnutrición infantil, gente durmiendo en la calle, hacinamiento y abuso, violencia doméstica, abandono del sistema educativo, peleas entre “barrabravas” a veces ligadas a dirigentes políticos y sociales, niños limpiando parabrisas de los autos, migrantes no acogidos e, incluso, la destrucción de la naturaleza.”

Y no son los obispos argentinos los primeros en hacer esta precisión. De la política en general y de la kirchnerista en particular, se han escuchado conceptos similares.

Seguramente que ha de haber quienes se sientan tocados cuando en el documento se dice: “La corrupción, tanto pública como privada, es un verdadero “cáncer social”, causante de injusticia y muerte. Desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en servicios elementales de salud, educación, transporte. Estos delitos habitualmente prescriben o su persecución penal es abandonada, garantizando y afianzando la impunidad. Son estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en las instituciones de la República, y sientan las bases de un estilo de vida caracterizado por la falta de respeto a la ley. A ello se agregan mafias del crimen organizado sin freno dedicadas a la trata de personas para la esclavitud laboral o sexual, el tráfico de drogas y armas… Muchos niños y adolescentes crecen solos y en la calle provocando el debilitamiento de los vínculos sociales. Esto también repercute en la escuela. Episodios de violencia escolar se desarrollan ante la mirada pasiva de algunos hasta que es demasiado tarde. Muchos jóvenes ni estudian ni trabajan, quedando expuestos a diversas formas de violencia… Nos estamos acostumbrando a la violencia verbal, a las calumnias y a la mentira, que socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales”

Lo grave que nos señalan los obispos es que: “A estos escenarios violentos corremos el riesgo de habituarnos sin que nos duela el sufrimiento de los hermanos… acostumbrándonos a la injusticia y relativizando el bien y el mal. Es creciente la tendencia al individualismo y egoísmo, de los cuales despertamos sobresaltados cuando el delito nos afecta o toca cerca.”

 Si alguien cree que lo allí expresado son falsedades, pues que con pruebas en la mano demuestre que eso no ocurre en Argentina. Y desde hace bastante.

Para ir logrando la sociedad más justa que queremos dejarle a las nuevas generaciones, no podemos engañarnos acerca de la realidad.

Que nadie quiera tapar esta realidad con determinada cantidad de votos.

EL CAMINO

La crítica y la autocrítica son imprescindibles, como también que las denuncias vayan acompañadas de los anuncios.

No es la Iglesia quien deba proponer soluciones políticas o económicas. Sino que sabiendo muy bien lo que pasa, nos llama la atención a todos. “Pero no nos ayuda culpar a los demás… cada uno está llamado a sanar sus propias violencias. Es necesario reconocer las diversas crisis por las que atraviesa la familia, que es la primera escuela de paz. En ella aprendemos la buena noticia del amor humano y la alegría de convivir… Todos estamos involucrados en primera persona… No hay aquí distinción entre creyentes y quienes no lo son. Todos estamos llamados a la tarea de educarnos para la paz.”

 Y nos recuerda el camino, el que algunos olvidan y otros ni conocen: “Para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en el respeto de la ley. Desde las reglas más importantes establecidas en la Constitución Nacional, hasta las leyes de tránsito y las normas que rigen los aspectos más cotidianos de la vida. Sólo si las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruir los lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes tenemos alguna autoridad. La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblece y dignifica a la persona… Frente al delito, deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia. Algunos profesionales suelen utilizar de modo inescrupuloso artilugios legales para burlar o esquivar la justicia: también esto es inmoral.”

 LOS CRISTIANOS Y LA POLÍTICA

Estamos tan insertos en esta globalización del egoísmo individualista, del acumular riqueza y poder, que nos olvidamos de lo más elemental e importante, por eso dice este documento: “Queremos detenernos a reflexionar sobre este drama porque creemos que el amor vence al odio y que nuestro pueblo anhela la paz.”

Y es el Papa Francisco quien nos habla con claridad, energía y esperanza, cuando dice: “Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia… Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora… ¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común…”

 La cosa no pasa por visita y foto con el Papa. Tampoco por aceptar lo que nos gusta y rechazar lo que incomoda. Mucho menos por agraviar y acusar injustamente, para luego ensayar una sonrisa que huele a falsedad.

El tema es escuchar todas las expresiones del pensamiento nacional; aprender de ellas y concretar las acciones que expresen ese pensamiento. Sabiendo que los problemas son de todos y que todos, hermanados y con alegría, habremos de resolverlos.

¿Qué eso resulta difícil? Pues lo difícil no está para que nos rindamos sino para ser enfrentado y resuelto.

SAN LUIS. Mayo 13 de 2014

 

Un pensamiento sobre “EL DOCUMENTO ECLESIAL”

  1. Es una muy buena observaciòn.
    Agrego tambièn que las declaraciones de Mons. Arancedo, posteriores a la opiniòn del gobierno me parecen dignas de ser leìdas.
    Su concepto de ” La discapacidad para vivir en diversidad” me parece un acierto.

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