No prenden … m’hija!!

Las buenas ideas deben ser seguidas de buenas acciones, de lo contrario…¡ chau con la calidad inicial!

Estos es mucho más cierto en lo político y en lo gubernamental. En donde las buenas ideas terminan siendo útiles para grandes engaños o grandes negocios.

Esto viene a cuento de la política de forestación que viene anunciando y ejecutando el gobierno provincial.

Nadie puede dejar de reconocer la fundamental importancia de reforestar la provincia tan castigada en el pasado con la destrucción de nuestros bosques. Acción muy repetida en estos últimos veinte años en la provincia. Después que la familia Rodríguez Saá desmontó todo lo que quiso en sus grandes extensiones de campos, desmonta hecha para dudosos emprendimientos; hoy el gobierno pone límites al desmonte y quiere forestar.

Varias veces se ha anunciado la plantación de millones de árboles, no podemos saber si cada anuncio se refiere al primer millón anunciado o cada vez se anuncian nuevos millones. De ser esto último tendríamos más de cinco millones de nuevos árboles. Cualquiera sea la cantidad, la provincia debería estar mostrando ya un buen crecimiento de sus arboledas. Porque las compras se hacen, no hay conocimiento claro de esas cuentas, pero la información está.

¿Y qué pasa con esas plantaciones? Ya supimos de miles de árboles tirados en barrancos y quebradas por aquellos que no les gusta hacer ese trabajo. Podemos asegurar que otros muchos no se han descubierto aún. Tan cierto como que nadie se movió para investigar y castigar.

La mayoría de los árboles que se quieren plantar son de especies no propias a nuestra geografía y clima, lo que exige muchos más cuidados para tener alguna esperanza de éxito. No se dan esos cuidados y vamos asistiendo a la muerte de un gran porcentaje de esas plantaciones.

Recientemente están teniendo más éxito plantando autóctonas como por ejemplo el aguaribay. Ojalá siga ese camino.

Pero hasta la fecha, la buena idea de forestar, ejecutada con especies inapropiadas y falta de cuidado está destruyendo este plan estatal y vemos a la vera de nuestras rutas multitud de estacas sin nada para sostener y guiar. Las más recientes están muy bien pintadas, un nuevo gasto para hacer más evidente la destrucción o muerte del árbol allí plantado.

La ejecución de esta más que correcta y necesaria política de forestación, es lamentable, prevalece en ella el desconocimiento, la irresponsabilidad, la incapacidad y quizás la corruptela.

Tras la mucha publicidad, cuando vemos tanta estaca solitaria, viene a nuestra memoria los dichos de nuestras vecinas tan amigas de intercambiar semillas, cogollos y macetas: – No m’hija, los palos de escoba no prenden!!!

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