Esta realidad política nuestra

De una u otra forma la política es un tema central en nuestras conversaciones.

Y en esa centralidad, algunos conceptos son  muy usuales y  repetidos hasta el cansancio. Por conocidos, repetidos y extendidos se omiten aquí. Basta con decir que no son ni benévolos, ni laudatorios para la política, ni mucho menos, para los políticos.

Como en toda generalización, lo propio de unos pocos hace que el concepto vaya a muchos. Y en política, se generaliza sobre  el enriquecimiento,  la concentración del poder y la dominación de las instituciones hecha por quienes llegan a cargos ejecutivos y legislativos. Se descalifica sin hacer excepciones, sin  diferenciar. “Todos son iguales. Todos son corruptos”.

Por cierto que a quienes piensan que “la política es la máxima expresión de la caridad cristiana, sólo superada por la vida religiosa”, a quienes tienen un vida modesta y honesta;   una calificación así de  negativa, les molesta y duele.

Pero esta es   la realidad y a ella hay que atenerse.

En San Luis se habla y mucho de la familia que gobierna desde 1983. Se reconoce su corrupción y su enriquecimiento. También  la concentración del poder y el dominio que ejerce sobre todas las instituciones. Se reconoce la existencia de  un sistema integral de corrupción ejercido por  unos pocos,  conocidos por muchos.

Sin embargo este sistema corrupto se mantiene y hasta crece.  Llegado el momento del voto, termina imponiéndose la voluntad de quien más controla los medios de comunicación;  de quien satura con propaganda gracias a su poder económico, acompañado de prácticas clientelistas y fraudulentas, cuando no de amenazas. Todo vinculado con la peor tradición del fraude patriótico que supo conocer nuestra Patria.

Quienes hablan con sensatez, con prudencia, desde valores morales  claros y firmes, no logran que los escuchen,  atiendan y crean en ellos.

Y cada elección termina dando más y más poder a la familia gobernante. Claro ejemplo, el 24 de octubre del 2005.

Cierra este  cuadro tan negativo, el accionar de algunos de los pocos que son elegidos representando al cambio democrático. Llegados al  poder caen también en la tentación de la construcción de un  poder hegemónico. Lo quieren todo, aunque sea comprando voluntades. O sumando a quienes  han sido parte del poder de la familia gobernante. Como si quienes participaron en la creación del problema,  pudieran ser partes de la solución.

La oposición, la crítica no es sólo para con determinado corrupto y totalitario; sino para con cualquier expresión de corrupción y de hegemonismo sean quien sea quien lo haga.

Da pena  que a veces cambien las murgas, pero siga el carnaval. Mientras no se construya un ejemplo claro y contundente de política honesta y con trabajo transformador de la realidad; mientras el pueblo  siga viendo que a un  clientelismo se le opone otro;  que al poder hegemónico de unos  se lo quiere reemplazar con el de otros;  resultará muy difícil superar esta realidad provincial nuestra.

No es el objetivo de esta nota pintar un cuadro pesimista.  Sino el de definir la  realidad sin mentirnos. Para que nadie se engañe.

Nuestra vocación y nuestra decisión de recuperar la plena vigencia de las instituciones democráticas desde la misma democracia, para ponerlas el servicio de las causas nacionales y populares y a la construcción del Bien Común, no decae. Pese a las muchas y muy importantes dificultades que surgen de los pocos recursos y de otras limitaciones; persistiremos.  La verdadera democracia lo merece. También nuestro pueblo.

Ojalá que el hablar de  política vaya siendo cada vez más acompañada por el análisis, el estudio y la reflexión. Y del compromiso militante en  vencer a esta dictadura provincial, a la que parece no faltarle algún guiño desde otras esferas.

6 de Marzo de 2006 * San Luis

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