Apuntas Convención 2006

Asumiendo y aclarando:

Ni por asomo estoy marcando errores ajenos y  aciertos propios. Entre los errores y las omisiones que  critico, están las mías. La crítica y la autocrítica son imprescindibles en nuestra tarea  Y   para marcar el camino que nos debe ser propio.

 * I *

Una vez más estamos frente a una Convención Nacional y  a los próximos aconteceres de la política con la misma  sensación de incertidumbre y  debilidad de tantas otras veces. Con el agravante de ser ésta una situación que se viene  repitiendo de largo  sin que encontremos  líneas de acción para superarla.

Y es cuando estallan las dudas, las críticas, los choques. Situaciones en las que pocas veces pensamos en los errores propios, con la misma intensidad con que criticamos los ajenos.

Si repasamos nuestra historia partidaria del 83 para acá, vemos que hay una tan cierta como penosa caída. Hacia adentro y hacia fuera.

Lejos, muy lejos quedó el Partido Demócrata Cristiano de los 70 y 80 con una importante representación legislativa, a partir de una fuerte identidad partidaria, con  propuestas y definiciones claras, concretas, creíbles.

También se nos fueron dirigentes de peso  (por muerte, pases, abandono o cansancio)  sin que hayamos logrado reemplazarlos en la misma dimensión, ni siquiera logramos que sean recordados como puntales de la democracia y de los derechos humanos en los momentos más difíciles de estas últimas décadas.

Hasta la importante labor parlamentaria de nuestros legisladores nacionales (Allende, Sueldo, Conté, Gentile)  ha quedado diluida y olvidada; tras el canibalismo interno que nos caracteriza. Lo mismo puede decirse de la calidad intelectual de esos y tantos otros compañeros, entre los que incluyo a  Auyero, al que no puedo dejar fuera de la Democracia Cristiana.

Hemos dilapidado  los  espacios, la historia y las  figuras  importantes que tuvimos.

Hoy no existe  reconocimiento de alcance nacional ni al partido ni a dirigente alguno. Solo hay algunas  contadas y acotadas excepciones, que sólo sirven para validar la tendencia nacional y mayoritaria.

* II *

A medida que se nos fue diluyendo el partido, fue creciendo la tendencia a unirnos en alianzas varias y muy variadas. (si alguien tiene tiempo y ganas investigue las formas en la  cada distrito concurrió a las pasadas elecciones del 2005. Es para asustarse).

En algunas supimos poner todo lo mejor de nosotros, con pasión, con fe.

Pero tras tanta  variedad de  alianzas, hoy  tenemos muy poca confianza y  credibilidad entre las otras fuerzas políticas. Mucho menos en el ámbito popular.  Cómo vamos a tenerlas si en un mismo año electoral, hemos ido solos o en alianzas con el menemismo, con el kirchnerismo, con el ARI, con el PS, el PI, Romero Feris.  Hasta con el PC!!!!

Muchos no saben que existimos. Pero nosotros, ¿ sabemos qué somos?

Conscientes de la necesidad de una  unidad  amplia como vía para dar vuelta esta situación nacional hemos  tenido clara vocación frentista.  Por lo general,  nos  trataron mal y nos fue peor. Es que sin identidad clara, sin desarrollo territorial y sin propuestas,  no nos respetan;  más allá  de ser necesarios a la hora de dar buena imagen  o sumar firmas.

Y nosotros en buena parte, acudimos a estas alianzas con necesidad de esconder nuestra realidad y la poca decisión de tomar el toro por las astas y ser lo que decimos ser.

Alguna vez dije que veníamos haciendo “dedo político”, dejando que otros nos lleven a donde ellos quieren. Nunca el camino era el nuestro. Como que de toda esas experiencias nos fuimos más temprano que tarde.

No estamos teniendo un camino, estamos deambulando.

Algunas alianzas nos permitieron alcanzar cuotas de poder o de representación; pero debiéramos analizarla no desde  el conformismo; sino desde qué  identidad alcanzamos  con esas compañías y esos cargos. Y desde qué se hizo  con eso. ¿Nos sirvió para hacer escuela política, para convertirnos en una alternativa política? Si las respuestas son negativas (y lo son) quede claro que cuando menos, caímos en una  trampa.

* III *

Estamos como que no  sabemos dónde estamos parados, qué somos ni a dónde vamos.

La Democracia Cristiana, ¿ para qué está? ¿ Para ser una variante más  de las distintas expresiones del liberalismo? ¿Para ser un partido más?

¿ O tiene algo distinto que ofrecer a los pueblos, entre ellos el nuestro? ¿No decimos acaso que somos una opción distinta  que se traduce en un modelo social – político – económico distinto y superador de los existentes?

Nos debemos  una respuesta clara y terminante a estas y otras preguntas. No debemos eludirlas, ni ser sordos y ciegos ante la realidad.  Esas respuestas deben  estar a la base de nuestro futuro político.

Hace unos años, recién ingresado al partido, escuché  de labios de un dirigente de  larga e importante trayectoria algo más o menos así:  el modelo liberal ha ganado. Debemos incorporarnos a él, porque nada se puede hacer contra él.

Es una respuesta. No la que me gusta. Pero fue clara y sincera: el liberalismo ya ganó, seamos nosotros parte de ese festín ahora neoliberal, siempre cruel.

En mi opinión es una respuesta válida para todos aquellos que militan buscando figuración,  poder y buen pasar.  No para quienes soñamos en ser protagonistas de un cambio.

Una respuesta como esa debe ser la que guía a la IDC, que al menos tuvo la cortesía de cambiarse de nombre como para no comprometer al pensamiento cristiano con sus claudicaciones.  Así fue que entraron a la IDC  el partido de Aznar, el de  Fox y otros por el estilo. Y siendo Aznar presidente de la IDC apoyó y participó en la política de guerra preventiva de Bush contra Irak. ¿Alguien cree que eso puede formar parte del social cristianismo?

Una digresión muy importante: renunciemos a la IDC a causa de su claudicación ideológica,  antes de que nos den de baja por morosos.

Nos debemos a nosotros mismos el darnos una definición ideológica y una ubicación coherente en este aquí y ahora político argentino. También a  nuestros fundadores, a  nuestros líderes que marcaron el camino; al mismo pueblo argentino – para que sepa quién es quién – En un momento en que todo cae en un relativismo pragmático y progresista, que sólo sirve  para mantener el modelo liberal, cada vez más opresor, pero con mejor marketing y packaging (con el perdón del idioma), debemos tener definiciones más claras y actitudes más firmes que nunca.

¿Qué debe ser la Democracia Cristiana Argentina? ¿ Una expresión de creyentes que gozan de los beneficios de un liberalismo que crea,  mantiene e incrementa la injusticia,  la iniquidad,  la opresión, el hambre, la desesperación de los pueblos?  ¿ Ser  parte del collar?

¿Vamos a dejar que se mezcle el altar de la fe en el amor,  con el trono del poder y las riquezas? ¿O peor aún que éste último sea construido desde aquel?

Existen  muchos documentos  doctrinarios – hasta de la misma Iglesia-  que caracterizan,  denuncian y fustigan al liberalismo (en todas sus variantes)? ¿Por qué entonces caemos en el juego de los que participan del festín opresor liberal? Recordemos que Videla y su banda sediciosa hacían ostentación de su fe cristiana católica. También Menem. Por citar a unos pocos. ¿No podemos ya intentar ser la opción del cambio, de la revolución?

¿Que son esas palabras viejas, sin vigencia?

Nunca. Más viejas son  Dios y Amor y  siguen marcando el mejor  rumbo para la humanidad.

El social cristianismo, la Democracia Cristiana no se venden por un plato de poder.

* V *

El liberalismo nos viene comiendo y oprimiendo. Con sus oropeles, con su corruptela, con sus discriminaciones y totalitarismos, con su individualismo tan egoísta como ambicioso. Y con su capacidad de llevar las libertades a una dimensión de anarquía en las instituciones.  Buena parte de la dirigencia política, gremial y social ha perdido  el sentido heroico de la vida, olvidando sus  mejores y nobles ideas. Cansados,  algunos deseosos de gozar fortunas y privilegios. Otros sintiéndose derrotados. Pero no hay derrota total si aún podemos practicar la cultura del encuentro, del diálogo claro sobre nuestra realidad, sobre nuestros ideales. No habrá derrota si aún nos queda  sangre caliente como para pelear por ellos.

¿ Que es difícil, bien difícil?

Está claro y es sabido.

Conocemos de sobra todos los no.

Veamos de ir encontrando los sí y de cómo concretarlos.

Repasemos un poco la historia y tendremos más clara la cosa. Recordemos por qué Santo Tomás Moro fue elegido Patrono de los Políticos y de los Gobernantes. Por si falta algo, repasemos lo hecho por Belgrano, San Martín, Guemes, Artigas, entre otros. ¿Se rindieron? ¿Claudicaron en sus convicciones?

Las convicciones, el heroísmo y los cojones no son cosa del pasado, ni otras latitudes. Las necesitamos aquí y ahora.

En estos últimos tiempo ha tomado un nuevo y fuerte impulso el estudio de la filosofía de Maritain. Y está muy bien,  es buena parte de nuestra cuna democristiana. Y de los Derechos Humanos tal como los proclamó la ONU. Pero no sólo debemos estudiarlo, debemos encontrar la forma de concretar en la vida política de nuestra patria Argentina y de nuestra patria América, ese pensamiento.

Me temo (espero no ofender)  que  ese estudio de Maritain se convierta en algo más o menos cerrado y académico,  con el trabajo de valiosas personalidades; sin que logre  traducirse en la enérgica y constante acción política transformadora de la realidad que puede y debe hacerse desde ese pensamiento.

Cuando no sepas a dónde vas, regresa para saber de dónde vienes y qué eres.

Volvamos a Maritain, a Mounier, etc. A nuestra historia. A nuestros pensadores nacionales. Repasemos las distintas instancias de la política nacional. Volvamos a Jauretche, a Scalabrini Ortiz, a García Mellid. Volvamos a ellos, para traerlos de nuevo al hoy y traducir  sus  ideas en  nuestra política del aquí y ahora, de cara al futuro.

Ni el mismo Fukuyama sigue con el cuento de que se acabó la historia y murieron las ideologías. No seamos nosotros quienes matemos la nuestra.

La Democracia Cristiana Argentina debe ser uno de los principales ejes de la construcción  de un nuevo modelo para la Patria: El Modelo Social Cristiano.

Y esa debe ser la línea que marca a dónde ir; cuándo ir, con quien ir, por dónde ir. Y qué hacer allí donde se llegue a cada etapa.

No creo que sean muchos los que quieran que la Democracia Cristiana termine siendo un cómplice callado de esta globalización del  imperio liberal.

Nos debemos un Congreso Doctrinario e Ideológico que fije las líneas de acción política. Que nos defina y ubique en el panorama político nacional e internacional. No le temamos. Servirá para aclarar las aguas. Y para separar la paja del trigo.

* VI *

Luego vendrán los cómo. Un problema que no es nuevo, porque también tenemos problemas con los cómo hacer las cosas.

Ya les sugerí que investiguen las alianzas que integró la Democracia Cristiana en las elecciones del 2005.  Si alguien cree que eso está bien, que nos sirve; por favor que me lo explique.  A mi juicio esa variedad es una muestra de que el federalismo, puede convertirse en anarquía. Que no tenemos conducción o que no la aceptamos.

Nos gusta ser y decir que somos  un partido nacional, pero no nos comportamos como tal. Pero a la hora de los bifes, cada cual por su lado; según la conveniencia del distrito, del sector o quizás hasta de algún dirigente.

Llegado el momento electoral  aparece  la inclinación de  actuar por las propias. Sin mirar doctrina ni ideología. Ni hablar de coherencia  interdistrital. Y sin tomar demasiada conciencia de nuestras compañías.

Por allí hacemos alianza con la UCR para oponernos al PJ; mientras que por allá lo hacemos con el PJ para oponernos a la UCR. Y hay otras peores. Ahora bien, nosotros, los demócrata – cristianos  ¿ qué caramba es? Si somos todo eso en un mismo momento, es como no ser.¿ Qué proponemos?

Vamos por el camino de una  expresión política más o menos anárquica, sin la coherencia de los anarquistas. En lugar de afianzar lo nuestro, hemos caído en las trampas de la politiquería liberal,  copiamos algunas de sus maniobras electorales  y  estamos siendo más de lo mismo que maneja al país y que decimos criticar.

Otras  preguntas a contestar:

* ¿ Nos decimos social cristianos sólo para ver si nos hacemos de las adhesiones dentro de  la Iglesia y tener así  una masa votante más o menos segura? ¿Hay aspiraciones a convertirnos en el brazo electoral de alguna Iglesia?

* ¿Estamos entre los que sostienen este modelo político – social – económico? ¿O entre quienes quieren  cambiarlo?

*  ¿Estamos decididos    a conformar un partido nacional con propuestas, desarrollo, posiciones, trabajo, etc.  de alcance nacional, unido y coherente? ¿O si nuestra propuesta es derrotada, hacemos a nuestro antojo  en nuestro territorio?

Se me ocurre decir que si hay quien  no quiere integrar un partido nacional con todo lo que esto significa (empezando por la disciplina necesaria para alcanzar sus objetivos) puede conformar partidos provinciales, o departamentales o comunales, que son muy pragmáticos, sin mayor preocupación por lo nacional y dispuestos a las alianzas más variadas. También son de escasa o nula capacidad ideológica, sobre lo que se apoyan para  eludir responsabilidades en los daños que hace este modelo o en la hora del cambio de modelo. Y nunca muestran remordimientos de conciencia; a lo sumo  forman otro partido con otro nombre y a empezar de nuevo.

Del mismo modo, si  hay quien tiene su interés centrado en la adquisición de poder, bienestar, prestigio y riqueza, hay una multiplicidad de expresiones políticas, gremiales y sociales que le darán una buena oportunidad.

Creo que la Democracia Cristiana es para otra cosa.

Nuestra propuesta, nuestros objetivos van mucho, muchísimo más allá de un pragmatismo buscador de poder a como sea para luego regodearse en él.

* VII *

Si realmente somos propiciadores de un nuevo modelo de sociedad, distinto y superador de los otros que se  viven y sufren, debemos actuar en consonancia  con ese objetivo.

Nuestra  idea de una revolución política que cambie la orientación de nuestra vida sobre la base del amor a Dios, al prójimo, de la construcción del Bien Común a partir del respeto de la dignidad de la persona humana y de una economía sustentada en el destino universal de los bienes;  debiera traducirse en un Credo Político, que como oración tengamos siempre presente.

Este ideal no es fruto de  una comezón juvenil que desaparece con la madurez de los años;  o con el crecimiento de cuentas bancarias,  o con  el “roce  social”.

Tampoco es un trapo de piso que se olvida o pisotea. Al menos en esto de mantener los ideales debemos unir toda la capacidad de soñar, la polenta y la decisión de los jóvenes;  más la sapiencia y experiencia de los mayores.

Tengo muy  claro que la actividad política no  es de un desarrollo romántico, ingenuo, fácil y sin obstáculos. Pero mucho menos es una máquina pragmática devoradora de sueños y  de ideales. Ni esclavizadora de personas y pueblos. Necesita de una buena dosis de realismo, de audacia, de fuerza. Pero nunca de la incoherencia, de la pérdida de identidad (insisto en esto porque es muy evidente), de la renuncia a ejes doctrinarios básicos y fundamentales.

Si en una misma elección en nuestros distritos se dan  alianzas con el PJ, la UCR, Romero Feris, el PC, el ARI, el PI, el PS, el Menemismo o el  Kirchnerismo (soy de machacar); no se puede decir que seamos coherentes o confiables ni en lo doctrinario, ni en lo ideológico, ni en lo político. Alguien se está equivocando. Y mucho.

¿O es que quienes fundaron el partido lo hicieron con el sólo ánimo de organizar una compañía amable y rezadora para que otros gobiernen y legislen?   ¿O el hecho de que algunas expresiones políticas tengan un par de conceptos del cristianismo las vuelven eternas compañías nuestras, sin tener en cuenta lo que realmente hacen y cómo lo hacen?

Algunas de nuestras ideas fundamentales están presentes en muchos partidos. ¿Quién no habla ahora de dignidad de la persona humana o de Bien Común, por ejemplo? Las repiten como loros porque saben que calan hondo. Pero no son conceptos que se manejan aislados de su contexto propio:  forman parte de la esencia del social cristianismo y van juntos;  necesariamente juntos y sumados a otros muchos.

Es probable que nos haya faltado y nos siga faltando el valor necesario para enfrentar la actividad política con decisión a alcanzar nuestra utopía (todos las tenemos), en esta realidad neoliberal tan amiga del dinero, de su ostentación, del mercado,  del marketing,  del poder fácil y todas esas ”linduras” de esta sociedad que hemos sabido conseguir, o que en la que hemos sabido caer con distintos grados de mansedumbre o de traición. Tengo la certeza de que no es necesario recordar en este momento los grados de heroísmo propios de los cristianos en  distintos momentos de la historia universal. Hay muchos ejemplos. Algunos han sido santificados.

¿Cuál será nuestro modelo? ¿ El de la renuncia? ¿El del heroísmo?

Así, entre olvidos, claudicaciones, pragmatismo, errores, preguntas sin respuestas, oídos sordos, etc., hemos perdido el rumbo inicial.

Así como una pala que no sirve para cavar, no es una pala; si la Democracia Cristiana no sirve para cambiar una sociedad cruel e injusta, no es Democracia Cristiana.

El Gral. San Martín decía, ”serás lo que debas ser; o si no, no serás nada”

* VIII *

Y en esta actualidad argentina nos encontramos con que está claramente marcada por el fracaso de la UCR en sus gobiernos nacionales y la capacidad concentradora de poder de parte del PJ, ahora  en su versión kirchnerista. Que se mueve políticamente de un modo muy particular, casi novedoso, bien de peso pesado (y rápido).

Siendo un fenómeno tan actual, tan presente; creo oportuno no entrar a analizarlo, ni a juzgarlo en estos apuntes; sino dejar que cada compañero o cada distrito lo haga por las suyas sin influencias de ningún tipo.

Es mucho más importante, es clave;  que primero sepamos bien qué somos, qué queremos y cómo lo queremos.

Que a  lo que hagamos lo encaremos desde analizar por qué nos decimos demócratas y por qué nos decimos cristianos.

Analicemos todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida como Nación, su presente y como se avizora su futuro. Y todo en función a nuestro paradigma del modelo social cristiano para cambiar esta realidad.

A partir de las respuestas podremos saber cuánto de democracia y cuánto de cristianismo hay en estas propuestas que circulan.

No nos definamos, ni tomemos posición a partir de cuánto se nos ofrece o da. Tampoco desde la visión de hacer otra vez un dedo político que vuelva a esconder nuestra realidad.

Estamos obligados a tener la visión más amplia  y comprometida con los tiempos que sea posible.

Ya hemos cometido errores en las decisiones con las distintas alianzas. También está el error de la escasa militancia para crecer. No los repitamos o no caigamos en otros igual de graves o peores.

De un análisis como el que propongo,  sabremos a qué le damos prioridad para armar nuestra propuesta, nuestra postura, nuestra militancia.

Analizar la política Kirchner, nos dará una lista de hechos larga para uno u otro platillo de nuestra balanza. Acepto que puede existir entre nosotros disparidad de opiniones en ubicar estos hechos en esos platillos. El a favor de algunos, puede ser el  en contra de otros.

La propuesta parece atractiva desde lo material y desde algunos análisis o compromisos personales. Habrá que ver de cuánto le sirve a la totalidad del Partido Demócrata Cristiano. Habrá que ver también cuál es el futuro que puede tener la democracia en este proyecto. Y qué modelo nos están proponiendo.

¿Seguiremos la línea política de ir tras lo que tenga  mayor aceptación en la opinión pública, sin una autentica línea política definida? Cuando eso ocurre  las cosas cambian rápido, en un comienzo se puede seguir el ritmo; pero tarde o temprano, se agravan las contradicciones y se suele quedar con menos credibilidad que antes.

No nos dejemos  arrastrar por las apariencias de los acontecimientos ni por las mareas de opinión oscilante.

IX *

Otra cuestión que debiera quedar muy clara en la próxima convención nacional y para lo cual pido a cada distrito, a cada compañero que busquen discutirla y resolverla es la siguiente:

Convengamos que en este momento, sin que nos hayamos reunido a conversar, hay sectores pro Kirchner y otros contrarios a Kirchner. Y ambos con fundamentaciones más o menos sólidas, pero bien contrapuestas

¿Qué pasa si la posición que se adopta no es la que quiere el distrito? ¿Va a adoptar una postura electoral distinta y quizás contraria a la mayoritaria?

A la luz de nuestra historia reciente, se puede pensar en una nueva atomización anárquica.

De ahí que piense que sería prudente una definición que resguarde nuestra identidad tanto como nuestra unidad.

Quizás eso pase por tomar una decisión por unas cuantas elecciones que incluya:

A* Privilegiar la participación en las  elecciones comunales con nuestra propia identidad, allí donde nos sea posible; como base clave de un nuevo proceso de desarrollo territorial del Partido Demócrata Cristiano en todo el país. Nos centramos aquí, para que se nos conozca, nos instalemos, tengamos la posibilidad de demostrar de qué somos capaces. Por cierto que esto nos exige desde ya mismo  el estudio de cada realidad comunal para no improvisar.

Quizás pueda darse la posibilidad de adoptar una fórmula a los ejecutivos, con nuestra propia lista de legisladores.

B* No participar en los cargos de distrito único nacional (Presidente y Vice); dejando libertad de acción en el voto, pero sin participación comprometida de dirigentes o distritos con ninguna fórmula.

C* En cargos de legisladores nacionales y provinciales, buscar en todo lo posible la participación o propia o lo más identificada posible.

D* Para los cargos ejecutivos provinciales  marcar los límites de  posibilidades de participar en el marco de un pensamiento semejante al nuestro y seriamente comprometido con el respeto a las instituciones republicanas democráticas. Están los casos puntuales en los que el esfuerzo está puesto en derrotar a dictaduras muy graves. Las posibles unidades electorales en estos casos deben ser presentadas con claridad a la Convención Nacional (o a quien ésta designe) para que sean autorizadas especialmente.

Esta propuesta base, surge  de mi preferencia por no participar en lo nacional y provincial, antes que ir con juntas que no nos garanticen nada,  ni garanticen democracia y ética (como mínimo)  al conjunto del pueblo.

Quizás pueda darse la posibilidad de adoptar una fórmula a los ejecutivos, con nuestra propia lista de legisladores.

Al inicio dije, si no sabes dónde vas, regresa para saber de dónde vienes y qué eres.

Ese regreso es a definirnos y a ubicarnos muy bien en este aquí y ahora por un lado; y por otro a comenzar de nuevo desde abajo, desde lo comunal. Para que se nos conozca por lo somos y podemos; y no por las buenas o malas juntas con las que andamos.

Creo que si seguimos haciendo dedo, vamos a terminar diluyéndonos en una permanente sangría de dirigentes, sin poder incorporar nuevos porque no nos conocen de tanto andar mezclados. O quizás se nos reconozca no por lo que proponemos y sabemos hacer; sino por nuestra facilidad de estar aquí, allá o acullá. Y eso no suele dar buenas calificaciones u opiniones.

Desde hace algún tiempo los personalismos políticos son más conocidos que los partidos. Casi se puede decir que las figuras son  las que hacen atrayente a un partido. Si el dirigente cambia arrastra a sus seguidores a dónde va. Se traduce en la multiplicidad de partidos, agrupaciones, movimientos que se conocen.  Eso ocurre especialmente en el PJ que parece tener el libro de pases permanentemente abierto y sin cuidados en analizar los daños que fulano o mengano haya hecho. Esto es un dato más del individualismo exacerbado que nos rige. Los partidos ya no tienen ideologías, ni planes ni programas. Sus proyectos son los propios de su figura o líder. ¿Adónde irá a parar Argentina con eso? ¿Adónde iremos nosotros si seguimos ese camino?

Este tiempo, ¿es el de  seguir como venimos? ¿O es tiempo de buscar darnos una dirección clara y definida ante hechos que podemos calificar como vino nuevo en odres viejos?

No hay manera de tener un rumbo identificable, si sólo nos guiamos en nuestras decisiones por responder a coyunturas.

¿Qué hacer? ¿Seguimos desde atrás a propuestas más o menos de lo mismo? ¿ O tratamos de marcar una agenda política pública desde  nuestro pensamiento, desde nuestras posibilidades?

Esto tenemos que resolverlo ahora y persistir en una decisión tomada desde las convicciones y no desde las conveniencias coyunturales.

 Si la Democracia Cristiana no toma la bandera de quitarnos de encima este modelo neoliberal y comenzar a construir el social cristiano, ¿entonces quién?

Que Dios nos ilumine, ayude y guíe.

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El Volcán * San Luis* 1º  de Agosto de 2006

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